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Por Monona Valdés Cortez, directora de Educación Diferencial UNAB.

En el contexto educativo actual, caracterizado por la necesidad de promover aprendizajes significativos, el desarrollo integral de los estudiantes y el trabajo colaborativo, surgen diversas estrategias metodológicas que permiten fortalecer habilidades clave para la vida.

En esta línea, el paintball se posiciona como una herramienta pedagógica innovadora que favorece el trabajo colaborativo, la toma de decisiones y el aprendizaje activo, en coherencia con los lineamientos propuestos por el Ministerio de Educación de Chile.

Más allá de su carácter recreativo, el paintball puede ser comprendido como una experiencia formativa que sitúa a los estudiantes en escenarios desafiantes, donde deben organizarse, planificar, comunicarse y actuar en conjunto para alcanzar objetivos comunes, lo que muchas veces no logramos ejecutar en las aulas. Este tipo de dinámicas se vincula directamente con las metodologías activas de enseñanza, las cuales promueven la participación protagónica del estudiante, el aprendizaje situado y la construcción colectiva del conocimiento.

En el marco de una investigación en terreno, conocí el centro CR Paintball, donde su dueño, Reinaldo Miranda Plaza, quien además es profesor de Educación Física, me explicó en detalle las fortalezas de esta práctica como herramienta formativa, destacando su aporte en el desarrollo del trabajo colaborativo, la toma de decisiones en contextos de presión, la comunicación efectiva entre los participantes y el trabajo de la diversidad con los distintos estudiantes que llegan a sus canchas.

teenagers covered in paint on summer festival
Photo by Михаил Крамор on Pexels.com

Uno de los principales aportes de esta actividad en el ámbito educativo es el fortalecimiento del trabajo colaborativo entre estudiantes. Durante la experiencia, cada integrante del equipo cumple un rol relevante, lo que fomenta la corresponsabilidad, la interdependencia positiva y la valoración del aporte individual dentro del colectivo.

Asimismo, se favorece el desarrollo de habilidades socioemocionales fundamentales, tales como la empatía, el respeto por los otros, la escucha activa y la resolución pacífica de conflictos.

A nivel de comunidad educativa, el uso de este tipo de estrategias permite también potenciar el trabajo colaborativo entre docentes, asistentes de la educación, equipo directivo y otros actores, promoviendo prácticas pedagógicas más integradas y coherentes con un enfoque inclusivo. En este sentido, el paintball puede ser adaptado y mediado pedagógicamente para responder a la diversidad de los estudiantes, considerando distintos ritmos, estilos de aprendizaje y necesidades educativas especiales, en concordancia con los principios de atención a la diversidad.

Además, este tipo de experiencias favorece la reflexión posterior, instancia clave en los procesos de aprendizaje, donde los estudiantes pueden analizar sus decisiones, reconocer fortalezas y aspectos a mejorar, y transferir lo aprendido a otros contextos educativos y personales.

En síntesis, el paintball, incorporado desde una perspectiva pedagógica, se transforma en una estrategia significativa que contribuye al desarrollo de competencias transversales, fortalece la convivencia escolar y promueve una educación centrada en el estudiante, activa, inclusiva y coherente con los desafíos actuales del sistema educativo.

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